jueves, 1 de noviembre de 2012

La Vida de los Otros - GABRIEL YARED & STEPHEN MOUCHA

En el año 2006, "La Vida de los Otros" conseguia hacerse con un tremendo éxito de crítica y de público a nivel mundial, con una historia conmovedora que llega a emocionar de una manera especial.
El cine alemán ha sabido reflejar con acierto en películas como esta, el doloroso pasado reciente de una sociedad que ha conseguido superar la tragedia que supuso para este pais, el nazismo y tras él, el regimen comunista que se implantó en la Alemania del Este tras la Segunda Guerra Mundial.
La película, que supuso el debut como guionista y director de Florian Henckel, logra un maravilloso equilibrio entre una historia redonda y una perfecta puesta en escena. La trama nos traslada al año 1984 en el Berlín Oriental, en el que la Stasi, la policía política del régimen vigila cada día la vida de miles de sus compatriotas. Un capitán de la Stasi, Gerd Wiesler, convencido comunista metódico y muy eficiente en su trabajo es elegido para la vigilancia de un conocido escritor, Georg Dreyman, fiel al régimen, pero al que el ministro de cultura pretende desacreditar para así poder quedarse con su novia, la cual accede a las insinuaciones del ministro para no perjudicar su carrera como actriz. Wiesler monta un sofisticado sistema de escuchas en la vivienda de Dreyman, y empieza a seguir al detalle la interesante vida de un artista, librepensador y sus interesantes relaciones con su novia y otros amigos artistas. Todo ello en contraposición a la oscura e insignificante vida de un soltero como él, que vive de manera espartana y casi sin relacionarse con nadie. Al no tener vida propia, Wiesler vive la vida de aquellos a los que espía, aunque con esta misión el mismo no imagina como cambiará su concepción del mundo y su manera vivir.
El trabajo de todo el reparto en magnífico, pero destaca sobre todo el actor Ulrich Müe, en el papel del policía, que consigue una interpretación magistral en un papel de esos que surgen pocas veces en la vida de un actor y que se convertiría en su obra póstuma, ya que desgraciadamente murió al año siguiente de su estreno.
La película es en su conjunto una obra genial, llena de sensibilidad, una película que habla de muchas cosas profundas de una manera acertada y que consigue emocionar de una manera natural, sin artificios, como solo la realidad lo hace. 
Cinematográficamente se puede considerar una obra maestra, y contiene de esos momentos que brillan por si solos, como cuando Wiesler entra en la casa de Dreyman y sustrae furtivamente un libro de poesía de Bertol Brech y de una manera emocionada lee unos versos del libro en su casa; o en la escena en la que Dreyman tras enterarse de la muerte de un amigo disidente, interpreta al piano la partitura "Sonata para un hombre bueno" que este le había regalado, al otro lado Wiesler lo escucha todo y se puede observar la primera expresión en su pétreo rostro cuando una lagrima asoma por sus ojos. Momentos de pura poesía visual que queda reflejada sobre todo en la mirada del protagonista.



Mas de cincuenta premios internacionales avalan la calidad que solo en contadas ocasiones una película llega a tener. Entre otros, el Oscar, el BAFTA y el Cesar a la mejor película de habla no inglesa, y los premios del Cine Europeo a la mejor película y al mejor actor.

La música de la película es obra de Gabriel Yared, un veterano de la música cinematográfica europea y Stéphane Moucha, que ha sido un habitual colaborador como orquestador en la obra de Yared y que se descubre como un compositor a tener muy en cuenta en el futuro. Gabriel Yared es un músico con una sensibilidad exquisita y en esta ocasión no defrauda. La banda sonora, algo escasa en duración (en su edición discográfica ocupa menos de media hora de musica intercalada con canciones pop de la época) combina el dramatismo con ciertos toques de intriga, y la emotividad. El tema principal (titulado "HGW XX/7" y que hace referencia a la forma en la que el espía firma sus informes)  es una melodía bellísima, una música intimista y melancólica a cargo de la cuerda, que termina con un dulce dúo entre el piano y la guitarra; un tema sublime que alude a las profundas emociones que el protagonista siente viviendo esa "vida de los otros".

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