"El Velo Pintado", dirigida por John Curran en 2006, es una película de una sensibilidad extraordinaria.
Protagonizada por Naomi Watts y Edward Norton, y basada en la novela homónima de W. Somerset Maugham, es una historia sobre el amor, el orgullo, la soledad, el sacrificio y, sobre todo, el descubrimiento de uno mismo.
Es también una de esas películas en las que la música no se limita a acompañar las imágenes: se convierte en una parte esencial de su personalidad y de su discurso emocional. En este sentido, la aportación de Alexandre Desplat resulta fundamental.
La película nos traslada a la China de los años veinte. Kitty Fane, una joven inglesa perteneciente a una familia acomodada, se casa con Walter Fane, un médico bacteriólogo introvertido y emocionalmente reservado.
El matrimonio, que nace más de las convenciones sociales que del amor, pronto revela sus profundas diferencias. Cuando Walter descubre la infidelidad de Kitty, decide trasladarla con él a una región china asolada por una epidemia de cólera, donde trabaja intentando combatir la enfermedad.
Lo que inicialmente parece una decisión marcada por el resentimiento se convierte en el escenario de una transformación personal para ambos.
La película habla, en realidad, de dos personas que aprenden demasiado tarde a conocerse.
Edward Norton, por su parte, ofrece una interpretación contenida y magnífica. Su Walter es un hombre de pocas palabras, dominado por el dolor y la decepción, pero también por una profunda vocación humanitaria.
Ambos tiene una escena magnífica que concentra buena parte de la complejidad emocional de la relación entre Kitty y Walter Fane. No estamos simplemente ante una conversación de pareja: estamos ante dos personas que todavía arrastran demasiadas heridas y que no saben muy bien cómo comunicarse.
Una película sobre el amor, pero también sobre la posibilidad de encontrar cierta paz interior después de haber cometido errores.
Desplat evita caer en el exotismo musical fácil que podría sugerir el escenario chino. No pretende convertir la banda sonora en una sucesión de melodías orientales, sino utilizar algunos colores instrumentales de esa tradición para construir un universo musical propio.
Su verdadero protagonista es el mundo interior de los personajes.
La interpretación del pianista Lang Lang es uno de los grandes atractivos de la banda sonora. Su piano aporta una sensibilidad extraordinaria, alternando momentos de intimidad, nostalgia y luminosidad.
Igualmente la intervención de Vincent Ségal con el violonchelo eléctrico introduce una textura particularmente interesante. Su sonido aporta cierta modernidad y una melancolía que contrasta con la escritura clásica de la orquesta.
"The Painted Veil", el tema principal establece la identidad musical de la película. Su melodía tiene una belleza serena, con una combinación de piano, cuerdas y diferentes intervenciones instrumentales. Es un tema que contiene tanto romanticismo como tristeza.
Desplat no compone simplemente música romántica: construye un discurso musical sobre el amor imperfecto, la culpa, el arrepentimiento y la pérdida.
El piano de Lang Lang, las cuerdas de la orquesta y el violonchelo de Vincent Ségal forman un conjunto de enorme belleza. Y lo más admirable es que la música consigue tener personalidad propia incluso cuando se escucha separada de las imágenes.


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