martes, 8 de septiembre de 2026

Liberty Heights - ANDREA MORRICONE

En primer lugar es inevitable que al acercarnos a la música de Andrea Morricone la larga sombra de su padre, una de las figuras más importantes de la música de cine o más bien diría de la historia de la música en general, no deba eclipsar una carrera más modesta pero sin lugar a dudas muy interesante. Por tanto sería injusto valorar a Andrea solo como el "hijo de Ennio Morricone", aunque la influencia paterna sea evidente.

Andrea recibió una sólida formación musical y ha trabajado en distintos ámbitos de la composición y la dirección de orquesta, incluyendo cine, televisión y música de concierto. Su trayectoria resulta especialmente interesante porque, aunque heredó de su padre el interés por la música cinematográfica, no ha sido simplemente un continuador del estilo de Ennio, como lo demuestra las bandas sonoras que ha compuesto hasta el momento.

Y una de ellas es la banda sonora de la película "Liberty Heights" del año 1999, una de las obras más interesantes de Andrea Morricone precisamente porque permite apreciar su personalidad musical al margen de la enorme sombra de su padre.

Liberty Heights (1999), película dirigida por Barry Levinson es una historia que combina nostalgia, adolescencia, descubrimiento personal y conflicto racial a través de los recuerdos de una familia judía de clase media en el Baltimore de finales de los años cincuenta. Más que contar una historia con una estructura dramática convencional, Liberty Heights funciona como un álbum de recuerdos. Levinson reconstruye el Baltimore de su juventud con una mirada afectuosa pero no completamente idealizada. Hay humor, romanticismo y momentos de gran ternura, pero también racismo, prejuicios y conflictos familiares.

Liberty Heights es una película íntima, nostálgica y profundamente personal, probablemente menos conocida que otras obras de Barry Levinson, pero muy valiosa precisamente por su carácter autobiográfico. No pretende reconstruir los años cincuenta como una postal idealizada. Más bien intenta recuperar la sensación de haber sido joven en un momento en que el mundo estaba empezando a cambiar.

En este contexto la música tiene además una importancia extraordinaria. Las canciones de finales de los cincuenta -rock & roll, rhythm & blues, jazz y música popular- funcionan casi como una segunda narración de la película.

Y ahí la banda sonora de Andrea Morricone cumple una función diferente: mientras las canciones sitúan la película en una época concreta, su score aporta la dimensión subjetiva de los recuerdos.

Es de destacar que tras unos años en los que Andrea colabora con su padre en unas cuantas bandas sonoras tras su famosa aportación con el célebre "Love theme" de Cinema Paradiso que compuso siendo todavía estudiante, es con esta partitura cuando realiza su debut como compositor en solitario. 

En lugar de construir una partitura basada en grandes temas recurrentes, Morricone presta mucha atención a las texturas instrumentales y a pequeñas ideas melódicas que van creando el ambiente emocional de cada escena. construyendo una partitura delicada, melódica y profundamente nostálgica, pero sin caer en una nostalgia excesivamente sentimental.

Es inevitable encontrar ecos del lenguaje de Ennio Morricone, sobre todo en la manera de utilizar instrumentos solistas dentro de una textura orquestal y en esa combinación de sencillez melódica y pequeños detalles armónicos. Pero hay una diferencia importante. Andrea resulta mucho menos experimental que Ennio. Su escritura en Liberty Heights es más transparente, romántica y contenida. No busca sorprender al oyente mediante efectos sonoros o combinaciones instrumentales insólitas; busca evocar una emoción concreta con la mayor naturalidad posible.

Y quizá por eso la partitura encaja tan bien con el universo de Levinson: la película habla de recuerdos personales, de la adolescencia y de una época concreta de Baltimore, y la música parece funcionar como memoria emocional más que como comentario dramático.

La principal virtud de la banda sonora es que Andrea Morricone convierte la memoria de una juventud en una música cálida, elegante y ligeramente melancólica, demostrando que su voz compositiva podía ser reconocible sin necesidad de imitar los procedimientos más característicos de su padre.

El tema que da título al álbum, “Liberty Heights”, funciona prácticamente como una síntesis de todo este lenguaje. La melodía tiene un carácter amplio y nostálgico y la orquestación va adquiriendo progresivamente mayor dimensión.

No es una música que pretenda imponerse a las imágenes. Las acompaña y las recuerda.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Amantes - JOSÉ NIETO

En la filmografía de Vicente Aranda, la pasión destructiva y la pulsión sexual siempre han actuado como motores dramáticos, pero nunca alcanzaron un nivel de precisión y contundencia tan desgarrador como en Amantes (1991). Inspirada en hechos reales —el célebre crimen de la Canal de Navarrés acontecido en la década de 1940—, la película trasciende la crónica sucia de sucesos para consolidarse como una de las obras cumbres del cine negro español contemporáneo.

La premisa nos sitúa en el Madrid gélido e hipócrita del primer franquismo. Paco (Jorge Sanz), un joven recién salido del servicio militar, planea su futuro junto a su prometida Trini (Maribel Verdú), la encarnación de la pureza, la devoción y el orden social imperante. Sin embargo, al alojarse en la casa de Luisa (Victoria Abril), una viuda atractiva, madura y astuta que vive del estraperlo y la manipulación, Paco queda atrapado en un torbellino de deseo, dominación física y fascinación erótica del que le será imposible escapar.

El mayor triunfo de Aranda radica en la brillante dirección de su trío protagonista, cuyos roles se complementan y chocan con una fuerza aplastante. Lejos de buscar el escándalo gratuito, la puesta en escena de Aranda utiliza la carnalidad y la crudeza de las escenas íntimas como un lenguaje de poder. La fotografía de José Luis Alcaine contrasta la frialdad de los exteriores nevados de Madrid con el calor sofocante y claustrofóbico de los interiores donde transcurre la pasión. La ambientación de época no es mero adorno histórico: la represión social y la miseria moral de los años cincuenta actúan como la verdadera cárcel de los personajes, impulsándolos hacia un desenlace fatalista donde la única salida posible es la tragedia.

Amantes no ha perdido ni un ápice de su fuerza provocadora y magnética. Es una obra redonda, concisa y brutalmente honesta sobre los límites de la obsesión humana, donde el amor no es un refugio, sino una trampa sangrienta.

La banda sonora de Amantes (1991), compuesta por José Nieto —galardonada con el Premio Goya a la Mejor Música Original—, es uno de los trabajos de arquitectura sonora más precisos y desgarradores del cine español contemporáneo. Nieto aborda el relato de Vicente Aranda huyendo de los clichés del melodrama pasional y del erotismo convencional. En su lugar, construye una partitura minimalista, opresiva y teñida de un lirismo trágico que funciona como el monólogo interior del trío protagonista.

La partitura de José Nieto en Amantes no es solo un acompañamiento impecable, sino una pieza fundamental para elevar el drama de Aranda a la categoría de tragedia griega vestida de cine negro.

Nieto no compone para acompañar las imágenes, sino para desnudarlas: su música explica el abismo psicológico de los personajes allí donde la palabra no llega.

Una banda sonora magnífica que expresa sin lugar a dudas el sonido de la fatalidad.