
Y es que volviendo a ver hoy día una película como esta tras casi medio siglo desde su estreno, todavía rebosa una clase, un encanto y una elegancia que renueva a cualquiera la pasión por el cine.
Dirigida por Stanley Donen, "Dos en la Carretera" forma parte de una serie de comedias románticas que rodó en la década de los 60, tras su exitoso paso por el cine musical en el que había cosechado un gran éxito con verdaderos clásicos como "Cantando bajo la lluvia", "Un día en Nueva York" o "Siete novias para siete hermanos". El talento que Donen había demostrado en la puesta en escena de los maravillosos números musicales de esas grandes películas, lo trasladó hacia unas historias con unos guiones magníficos y una espléndida dirección de actores.
Rodada como una mezcla de comedia romántica y road movie, "Dos en la Carretera" narra la historia de una pareja tras doce años de relación, centrada en los viajes que por diferentes motivos Mark (Albert Finney) y Joanna (Audrey Hepburn) realizan por el mismo sitio, el sur de Francia. Allí se conocieron, volverán para una tardía luna de miel dos años después, en el tercer viaje conocerán a alguien que les hará ascender socialmente, volverán ya con una hija en un cuarto viaje como una pareja más acomodada con una relación en la que surgen las desavenencias y las infidelidades y en su ultimo viaje como un matrimonio que afronta con resignación su vida en común pero que no pueden vivir el uno sin el otro.
La interpretación de ambos protagonistas es magnífica, sobre todo la encantadora Audrey Hepburn que refleja de manera impecable la evolución de su personaje desde una ilusionada y alegre joven, hasta la amargada y desatendida mujer en que se convierte.
El original guión con un planteamiento narrativo basado en constantes flash-back que se superponen, es otra de las grandes bazas de esta película que le valió una nominación al Oscar; aunque su mayor reconocimiento internacional lo tuvo con la Concha e Oro del Festival de San Sebastián.
Una historia que es un completo análisis sobre las relaciones de pareja, que resulta tan cruda como divertida y que invita sobre todo a reflexionar.
Una película inolvidable que se puede considerar todo un clásico del cine.

Una música exquisita igualmente inolvidable.
Esta maravillosa melodía se ha convertido en un standard con infinidad de versiones, de entre las que me gustan especialmente la que Dave Grusin también compositor cinematográfico hizo de este tema en su faceta de pianista de jazz en un álbum dedicado a la música de Mancini y la versión también jazzística del guitarrista Pat Metheny.